10 de septiembre.

La verdad se que llevo muchísimo tiempo sin escribir aquí y tampoco tengo claro si voy a volver a hacerlo o no. Por ahora, puedo confiaros que me he cambiado de blog y ahora, cuando escribo, escribo solo allí. Es u gran proyecto algo polémico y a parte del hecho de que puede no interesaros y puede que no lleguéis a ver esto jamás, puede resultar ofensivo. No obligo a nadie a leerlo ni a seguirme, pero bueno, ¡me arriesgo! (La verdad es que tampoco estaba muy decidida a colgarlo o no, pero como tampoco tengo la esperanza de que lo lea una gran cantidad de gente...). Aquí os lo dejo: 

http://ojodecyborg.blogspot.com.es/

Realmente necesitaba un cambio de aires y un lugar donde poder desarrollar este proyecto. Algunas entradas, no tendrán nada que ver con él, pero por el momento es a lo que me quiero dedicar en el plano bloguero. Así pues, me despido de aquí hasta nuevo aviso. 
Espero que hayáis pasado unas buenas vacaciones.
¡Un abrazo!

Stop chasing shadows just enjoy the ride.


Me despierto por la mañana con el regusto que te dejan las promesas incumplidas. El aliento me huele a corazón roto y aunque me cepillo los dientes tres veces, no se va. Hoy he soñado con increíbles lagos de zumo de arándanos, con fresas bañadas en nata, con pastelillos de limón y un castillo tan grande que podrías perderte en él y que no te encontraran jamás. Pero siempre había alguien a mi lado. No podía verle la cara, pero en mi sueño se arriesgaba para salvarme. Plantaba cara a los cocineros, que no estaban muy de acuerdo con que hurtáramos la comida del banquete, con los guardias, que decían que la sala del trono era solo para el rey, con los granujas que nos seguían para meterse debajo de mi falda, porque no le parecía correcto que anduvieran husmeando entre mis piernas. Peleó con todos y cada uno de ellos y solo para mí. Lástima que no llegase a descubrir quién era. En cualquier caso, no me he despertado con el sabor que dejan las fresas en la boca, o incluso la nata. Me he quedado con la esencia de un beso robado que jamás fue devuelto, o de todos esos que se quedaron sin dar. Con el de las promesas cuando fallan y las lágrimas saladas que llegan a la comisura de los labios.

Tempus fugit carpe diem et memento mori.


¿Parezco tan amargada como me siento?
Te prometo que yo he intentado ser la de antes: miles de veces. Pero no funciona. No me sale. Y tampoco no encuentro con qué sustituir los pedazos de corazón que se llevó. Porque no contento con hacerlo añicos, decidió hurtar parte de él. Luego echó a correr sin mirar atrás y sin dejar pistas. No hay engranajes que hagan volver a funcionar este latido, al menos no de la misma forma. Ya sabes, como en el poema de Bécquer. Y es que una vez partida la ilusión, no se recompone. Es porcelana.
Por las mañanas y a menudo tardo a encontrarme porque ya no me reconozco. Me miro al espejo pero no me veo. El reflejo no me convence. Esta no puedo ser yo. Porque aunque me rompió, todavía queda algo de mí. Y ese todavía es bonito y tiene pizcas de especial, porque no pudo llevarse eso que lo enamoró.
Pero me siento rara en este cuerpo que me queda grande. No puedo llenarlo con lo que queda, al igual que tampoco puedo completarlo con nada nuevo. Estoy en stand by mientras el tiempo sigue corriendo y la vida se cuela cada día por las persianas de mi habitación para volver a salir sin darme ni las buenas noches.

las brujas no existen.



Nadie sabe cómo se llama ni de dónde ha salido. Tampoco tienen ni idea de cómo un ser humano es capaz de saberse tantos trucos de magia diferentes, pero todos disfrutan con sus números. No entienden como una criatura tan pequeña ha podido domar a un león hasta hacerlo su mejor amigo y mayor protector, pero no hacen preguntas. No explicarse la sabiduría que rezuman sus ojos y el hecho de que jamás la han visto durmiendo, pero actúan pueden como si no lo hubieran notado. Todo el mundo tiene la extraña sensación de que hay una bruja entre las calles de su adorable pueblo, pero Wellow nunca ha sido demasiado creyente ni tampoco amigo de la Inquisición. Además, la pequeña Brielle no hacía daño a nadie y entretenía a los niños antes de ir a dormir. (Aún así los cazadores dejaban cargadas sus armas por si era necesario disparar).
Lo que ellos no sabían era que Brielle se iría en cuanto hubiese conseguido lo que quería. Tampoco que dejaría una estela de corazones rotos y un ejército entero de devotos a Satán a su paso. Puede que, a fin de cuentas, a los habitantes de Wellow les hubiera ido mejor de haber creído en brujas.

muévete a la iz... derecha está bien.


Esta bailarina se me resiste.
Escribo sobre el teclado que sus piernas la llevan hacia la derecha, pero sus movimientos se deshacen hacia la izquierda. Le digo salta y se tumba, le digo grita y susurra. Que inapropiado para una señorita gritar en la cama como si estuviera viendo al diablo y susurrar seductoramente en un atraco al banco. Ni frente a una erupción de volcán se desgañitaría. No, si yo le pido lo contrario. ¿Y si le hiciera susurrar en vez de pedir socorro y viceversa? Tampoco serviría. La señorita Dubois es inteligente. Cabe decir que cuando la fabriqué, no lo hice pensando en que se volvería contra mí. Pero, ¿qué puedo hacer si se arranca el tutú a mordiscos y me pide a gritos un billete para recorrer el mundo entero? Le gusta viajar y no bailar. Pero yo la hice para brillar en los escenarios. O tal vez, la hice a mi semejanza: un poco zorra, con la habilidad de parecer más estúpida de lo que en realidad era, llena de monstruos que no la dejan dormir y con unas ansias enormes de saber (y de hacerse saber).

Silencios de blanca y tiempos de negra.



Siente el latido de la música por todo su cuerpo. La hace vibrar. La llena de una energía extraña, un corriente eléctrico que la impulsa a moverse. Y se libera a ese sentimiento.
La magia del sonido la invade y ella permite que la controle. Sus brazos y sus piernas se sincronizan a la perfección con el ritmo. Se sirve de tiempos de negra para desplazarse por todo el escenario, mientras su cuerpo se mueve de manera sinuosa, recordando a olas de mar. Aunque ella es más que eso. Es igual de refrescante pero más dinámica. El mar atrae y encandila, llama con su oleaje suave e hipnotiza. Ella llama pero no traiciona. No te ahoga en cuanto has caído en sus fauces y si te despistas lo peor que puede pasarte es que el beso te lo de pequeño o en mal lugar.
Dinamita era la peor de las tres porque su trastorno venía de carencia importante de amor. Tanto, que había dejado de quererse a sí misma. ¿Cómo iba a hacerlo, si nunca le habían enseñado? Así que se vendía, se rifaba y se regalaba. ¿Qué importaba, a fin de cuentas? Ella no era nadie y en nadie se quedaría.

Séptimo descubrimiento.


Chico, no duermes, ¿verdad? Escucha el primero.
En la vida lo más importante es saber decir no.
Apúntalo, que no se te olvide.

Mi primer compañero de habitación.
El señor Fermín (76 años)
05.12 de la madrugada.

Ciertamente, este consejo me lo dio un hombre mayor con el que compartí mi primera habitación de hospital. Era una habitación de seis personas; luego, más tarde, entraría en la de dos personas. Me lo dio una madrugada. Las madrugadas unen tanto que hacen que te atrevas a confesar deseos y sueños inconfesables. Más tarde llega el día y con él… con él… A veces el arrepentimiento.

Mi día llegó mucho más tarde y lo hizo en forma de tres largos meses. Todavía no me había despertado de ese sueño (o pesadilla) liviano. Uno de esos que te hace sonreír mientras duermes, que relaja los músculos y trae olores suaves de vainilla y lavanda a tu cama. Pero ya me he arrepentido. Ya he lamentado cada palabra que dije de madrugada, cada confesión de más que hice. Y he aprendido. Hasta que se me olvide.
¿Sabes que más he aprendido? A decir no. Con convicción y seguridad. Mi no me ha transportado lejos de mentiras y engaños, de más dolor y de más madrugadas. Un no es el mejor de los escudos y el mejor puente para cruzar al otro lado. 

Sábanas y mecheros.



Tenía una extraña fijación con las camas ajenas y le gustaba jugar con fuego. Se ilusionaba con facilidad y el noventa por ciento de sus pensamientos eran imaginaciones de cosas que no habían sucedido nunca (ni sucederían). Le gustaba pensar que encontraría alguien que le abriría las sábanas de su cama a las tres de la madrugada. También había creído ver más de una vez como su pistola le sonreía, humeante, después de disparar. Pero eso no eran más que las ensoñaciones de una niña pequeña, ahogada demasiado pronto en el cuerpo de adulta y que a veces lograba salir a la superficie. Porque no había nadie que le cediese un hueco en su cama a una asesina a sueldo y las pistolas no tenían una boca con la que sonreír. Esta saumensch en particular tenía un problema grave de personalidad y otro de bipolaridad.
Una se llamaba Alessandra, otra Dinamita y la última solo zorra.

Pólvora.

Aprieta el gatillo. El mecanismo de la pistola hará que se dispare la bala. Y la bala se incrustará en mi frente, y provocará mi muerte instantánea. Todo se apagará para mí y la guerra será tuya. ¿Por qué no disparas? ¿Por qué no acabas con esto? Aprieta el gatillo. Tan solo mueve el dedo. Un solo gesto y estaré muerta. Frente a ti, destrozada, sin vida. Un cuerpo inerte iniciando el proceso de putrefacción. Y se terminará la guerra. Dispara, dispara, ¡dispara! ¿Por qué no disparas? Acaba con tus monstruos de una maldita vez, cretino estúpido. La raza nazi pende de un hilo y tú tienes las tijeras para cortarlo. ¿Qué es lo que te pasa? ¿Acaso ya no sabes a quien le debes lealtad? Ambos sabemos cuál es el bando en el que naciste, creciste y te criaste. Todos sabemos que llevas el tatuaje más grande de todas las Águilas, todos saben la esvástica que recorre tu piel y toda tu espalda.  Y todos sabemos que te echaste atrás, ellos saben que les serás fiel. ¡Pero aún así no disparas! ¿Qué te pasa, Águila? ¿No eres lo bastante bueno? Hasta un estúpido como tú sería capaz de mover un dedo. Un dedito de nada. BUM. Y la bala se dispara. Click y la muerte me llega. ¿Qué te pasa, Draco?
¿Quieres saberlo? ¿Quieres que te lo diga?
Te has quedado sin pólvora. No la de tu arma, esa está intacta. La de tu alma, esa es la que escasea.
¿Quieres saber algo más?
Te has enamorado, Draco. No te equivoques. No lo has hecho de esa estúpida polaca comunista. Tampoco de mí, nadie se lo creería. Te has enamorado de libertad. Y al deseo de libertad uno no puede resistirse.
¿Sabes algo más, Draco? Libertad se escribe con esvásticas.

¿Sabes? No tendrás que fingir más.

¿Sabes lo que quedará de nosotros cuando me independice? Nada. El techo bajo el que vivimos, que es lo único que nos une, desaparecerá. No nos cruzaremos todas las mañanas, no haremos como que nos caemos bien. No fingiremos y podremos lamernos las heridas en paz. No tendré la necesidad de hacerte sentir orgulloso y tú no sentirás que te exasperas porque no soy lo que esperas. No sentiré el mismo rechazo cada mañana y tú no pensarás en qué pudiste hacer mal. Aunque esa interrogación hace tiempo que está respuesta y es todo. No eres capaz de entenderme porque nunca te ha importado. Y siempre que consigo desplegar las alas, haces que caiga una lluvia torrencial y me ahogo en todo lo que dices. Estoy harta de esta historia y de este todo lo podríamos haber sido si tú y yo no fuéramos tú y yo.

Porque se le llama realidad y no hay forma de tragarla.

 Tanta película Disney es mala: no hay ni un puto príncipe al final de la esquina. No hay historias trágicas de amor verdadero, ni finales felices. No hay una maldita perdiz que comerse. Solo está lo que tú creíste, tu mundo idealizado y tus recuerdos tergiversados. ¿Alguna vez te has parado a pensar que habrá después de ese beso pletórico? ¿Alguna vez has imaginado el verdadero the end? Porque haría llorar a las niñas y desarmaría a todos los caballeros.

Hola, ¿Androcles? A esta leona se le ha vuelto a clavar la espina en la pata.

"Sin embargo el animal se quedó inmóvil. Gemía y lloraba y lamía una de sus patas que sangraba. Fijándose en que el león estaba en gran dolor, Androcles se olvidó de su peligro y se acercó a la fiera que levantaba su pata como pidiendo socorro. El esclavo se dio cuenta de que una gran espina se había clavado en la pata. Tomándola en su mano, con jalón fuerte, sacó la espina y en seguida hizo lo necesario par detener la hemorragia."
 Leyenda de Roma.

Somebody that I used to know.


El recuerdo duele porque el pasado no vuelve. Pero el dolor es dulce y deja una sonrisa sobre los labios, porque quema y da calor a partes iguales. Ese sentimiento cálido que inunda el pecho y arranca suspiros, ese que te dice que todo ocurrió, que fue lo que fue en su momento. Aunque no dure. Aunque esa persona ya no exista, aunque a veces las palabras crueles que salieron de su boca regresen para hacer daño, aunque... Dicen que si uno no es capaz de perdonar, nunca estará en paz consigo mismo. La única forma de frenar la presión que ejerce la marea, es dejarla pasar. Que inunde la playa, que la deje húmeda y mojada. Y luego que se vaya. Solo hay que permitir que los sentimientos te aborden una vez más. Una solo. Familiarizarte con ellos, sentir que forman parte de ti. Y aceptarlos. Porque el sol saldrá por la mañana y secará la arena. Las corrientes traeran nuevas olas y la playa volverá a mojarse.

(Te echo de menos, a todo esto. Echo de menos la persona que llegaste a ser y lo que fuímos juntos. Las sonrisas cómplices, las risas, las aventuras, la playa, las malditas noches en la misma cama y tu respiración tranquila cuando sonreías. Echo de menos algo que no existe. Y me resigno, me mojo con ello y me deshago de ello. Solo que debo haberme despedido de ti unas mil veces y contando).

big girls don't cry.

Mis monstruos están aquí por él. Llegaron gracias a él y también se quedan por él. Mis monstruos son él. Rencarnados y con nuevas formas, más fuertes y más inteligentes. Más duros, fabricados con otra pasta, moldeados para destruirme. Diferentes, más astutos, menos considerados, más constantes. Más y mejor. Son una corriente, son la marea y sus olas, que golpean y erosionan continuamente. No se cansan nunca y menos aún se rinden. No abandonan. Y progresan. Lentamente, el mar va cambiando de forma a la roca. La convierte en una superfície lisa y perfecta. Perfectamente inhumana. Antipática, desagradable, desconsiderada. Si caes por esta piedra, no encontrarás salientes a los que agarrarte. Y solo unos metros más abajo, descubrirás el mar y su fondo. Y a los monstruos.

Que los nuestros sean los últimos de esta nación, Draco.


—¿Entiendes de lo que te hablo, Draco? Por supuesto, tú siempre has sido muy listo. ¿Sabes? Siempre ha pensado que tu deberías haber iniciado la revolución. Tú cara hubiera quedado mucho mejor al frente de los Águilas. Tienes todo lo que hace falta para ser el líder. Tienes coraje, tienes la gilipollez necesaria para no rendirte nunca y los tienes a ellos. A todos aclamando tu nombre, vitoreándote, amándote. Son tu ejército, nunca el mío. Aunque obedezcan, te seguirán si decides marcharte. Aunque respondan a las órdenes, siempre buscan saber lo que piensas, adónde efocan tus ojos, que pasa por tu mente. Los Águilas son tuyos.
>>Pero, ¿sabes qué más? Sí hay algo que yo tengo y, en cambio, tú no. No es coraje, desde luego. No sería la primera vez que me echo atrás. Y desde luego, a gilipollas no te gana nadie, pero ¿te digo lo que nos diferencia? Los motivos. No me mires con esa cara de estúpido, sabes de lo que te hablo. Tus motivos no tienen fundamentos. Se basan en la sangre, en eso que te han enseñado —Wild se rascó una ceja y sonrió, con amargura—. El odio nació contigo como algo natural y forma parte de ti. No conmigo. A mí me corroe. Me está matando un poco más cada vez, con cada muerte de esos asquerosos judíos. Pero yo nunca había odiado antes. Vamos, no me mires así. Son un maldito cáncer, todos. Lo que hacemos es lo que debemos hacer: exterminarlos. Pero antes yo no odiaba. Si no hubieran hecho lo que hicieron... —volvió a sonreír, todavía con más amargura, dejando al descubierto la mujer destrozada y podrida de odio que era—. Nunca me hubiera metido en esta guerra. Es más, puede que lo hubiera hecho en el bando equivocado, como los filandeses. Pero ahora ya lo tengo claro —añadió, con covicción, mientras le quitaba el seguro al arma—. ¿Quieres saber qué es lo que está de mi parte, Draco? La rabia, el dolor, la furia y el odio. Y solo ellos pueden hacer que esta bomba estalle.
>>Y ahora escúchame bien, Águilucho. Vamos a salir ahí afuera con el pecho descubierto. No solo porque haya un ejército entero confuso y desorientado, si no porque es lo que tenemos que hacer. No más vidas alemanas robadas, no más corazones rotos. Que los nuestros sean los últimos de esta nación, Draco.

De esto que los wild hearts can't be broken.

No teníamos ningún mapa del tesoro, pero nos lo inventamos. No había ninguna cruz al final del camino, pero encontramos nuestro tesoro. No teníamos metas, pero sí un par de sueños. No teníamos posibilidades, pero nos quedaban las ilusiones. No éramos una adorable princesa y un apuesto príncipe y de hecho no llegábamos ni a doncella y rana, pero el mundo era nuestro. No se escribieron canciones con nuestras hazañas, así que tuvimos que hacerlo nosotros mismos. No salieron nuestros nombres en los diarios, nuestras voces no aparecieron en la radio y no fuimos primer plano en ninguna cadena internacional, pero seguro que has oído a hablar de nosotros. Ya sabes. A él lo llaman sueño y a mí estupidez. Y uno no podemos estar sin el otro, porque, ¿sabes? un estúpido sin sueño es claramente un caso perdido y un listillo no cumplirá su sueño porqué está asustado de las probabilidades de fallar. Fíjate si es grande el problema que de la estupidez a secas y del listillo sobrado se encarga esperanza, a dos banadas y sin ganancias. (Llevan tanto tiempo en números rojos que han tenido que pedirme un préstamo). Aunque supongo que sería poco caballeroso no admitir que llevamos tiempo afiliados a la perseverancia y a su hermana gemela trabajo duro, de la empresa sudar la camiseta y derivados.

High for this.


Tengo miedo.
Mentira, mentira, mentira. Tengo muchísimo miedo. Estoy completamente aterrada. Y desesperada.
¿Qué es ese ruido?
No, han sido imaginaciones tuyas.
Ojalá algo hiciera ruido de verdad, así podría distinguir realidad de ficción. O puede que eso fuera peor.
Calla, no pienses tan alto.
Tengo miedo.
Quiero sentirme segura, quiero salir de aquí.
Pero no puedo moverme. No, no te muevas ni un centímetro. Lo que está ahí, en la oscuridad, podría matarte.
Imagínate que te mata. Que te desgarra y que te hace pedazos.
No, joder, no quiero morir. No quiero sentir dolor, no quiero...
Shhhhht.
Ahora sí, se ha movido algo. No es mi imaginación, no, ¡maldita sea!
¿Por qué no puedo moverme? ¿Qué es esto? Tengo algo en las piernas, algo no deja que me mueva. Estoy atrapada.
Tengo miedo.
Hace rato que no hablo, solo pienso. Y tampoco soy yo, no exactamente. No estoy dentro de mi cuerpo. O por lo menos, no del todo. Hay una parte de mí que vuela lejos.
¿Estoy muerta? No puedo hablar, no puedo gritar. ¿Estoy respirando? No sé si estoy respirando.
No puedo recordar como he llegado aquí.
Bebí. Bebimos. Todos. ¿Donde fúimos? A la playa, fuímos a la maldita playa. ¿Y luego qué? No recuerdo nada. No puedo recordar. Ah, joder.
Algo se ha movido.
¿Dónde? ¿Dónde se ha movido y dónde estoy?
Tengo miedo.
Algo me arrastra. No es material, no me toca, pero me arrastra. Me lleva lejos de aquí. Aquí no estoy tranquila, tengo mucho miedo. Estoy perdida y no recuerdo. Ni respiro. Ni vivo, ni soy yo. ¿Estoy muerta?
Decidido, estoy muerta.
Me duele... ¿qué me duele? La pierna. Sí, esto es mi pierna. ¿Y esto? La espalda. Me duele la espalda.
Puedo moverme. Ya puedo moverme. Los brazos. Ah, como me duelen los brazos.
Me he caído de un quinto, como mínimo. Mi espalda, mi cabeza... Me duele todo.
No puedo abrir los ojos. Sigo encerrada en este cuerpo. Quiero salir. Quiero abrir los ojos.
Mentira, no puedo moverme. Ya no siento dolor. Ya no siento nada. ¿Estoy muerta? Me he muerto, seguro. ¿Esto es lo que se siente? ¿Dónde está la paz que prometen? Sigo teniendo miedo, no quiero tener miedo.
Ya me calmo. Me calmo poco a poco. Me relajo. ¿Qué relajo? Los músculos no... ¿Y la mente? Tampoco. Relajo... el alma. Me relajo poco a poco. Me desvanezco.
Me voy.
Me estoy muriendo.
Oh.
Vaya.
Yo quería vivir un poquito más.
¿Pero que es esto tan dulce? Suena tan bien. Huele tan bien. Me relaja el alma. ¿Esto es la paz? Es la paz. Es por aquí, tengo que seguir recto. ¿Qué es recto? ¿Que es arriba y abajo? No importa. Es por aquí.
Oh.

Sense tú.


Su mirada me llena, sus palabras me dan aliento. Sus puños me hacen golpear más fuerte, sus movimientos me hacen ir más rápido. Su voz duplica mis capacidades, sus gestos me dan la potencia que necesito. Su vitalidad me refuerza. Su confianza en mí me ciega de fe y ambición. Me ciega de los límites.
Lástima que las cosas no hubieran sido diferente. Y suerte también, que hayan sido así.

Otra bala perdida más.


No puedo entenderos. A ninguno. Ni tan siquiera puedo intentar ponerme en vuestro lugar, desde vuestro punto de vista. ¿Podríais vosotros, detrás de los ojos de Hitler? ¿Podríais, en el cuerpo de Julio César? ¿Realmente podríais? Apostáis por años de sufrimiento con las mejores cartas para conseguir un carpe diem idealizado. Os engañáis a vosotros mismos y os contentáis con el resultado. Os maltratáis. ¿Nadie lo entiende? No importa cuánto grite, cuánto repita, cuánto insista. Vuestro cuerpo es fortaleza. Vuestro cuerpo sois vosotros. Ahí es donde vivís, donde viviréis una media de noventa años. Vuestro cuerpo es una máquina. Es la mejor máquina. Pero no es inmortal. El oxigen lo oxida y lo deteriora, lo convierte en una carcasa arrugada y llena de manchas, lo vuelve débil y lo mata. No necesita vuestra ayuda para estropearse, tiempo al tiempo. Y esas noches no llenan, esas caladas no alivian. Las lagunas no borran los recuerdos que más duelen, el humo no oculta la realidad. La euforia del momento justo después de clavarse la aguja no es permanente.
Solo quedará un cuerpo hecho pedazos y débil. Y vuestros recuerdos de sonrisas y momentos perfectos, el mejor placebo para una realidad irreversible. 

Tengo hambre de victoria.


¿Conocéis esa sensación? Esa que te libera. Te lanza por los aires y te hace tocar ese límite que todos temen. La misma que te hace superarlo y marcar la diferencia. Esa que te motiva, esa que te da aire y te renueva las energías. Esa y solo esa. ¿Alguna idea de como describirla? El tiempo que pasas junto a ella es efímero y demasiado bonito como para masgastarlo tratando de buscar palabras para definirla. Es más, ¿alguna vez lo habéis intentado? Al hacerlo, se escapa y no permite que la atrapen. Es veloz y rauda, solo visita en los momentos justos y a veces peca de tramposa. Es un soplo de aire fresco. Y tenemos que permitir que nos lleve volando, porque de lo contrario, lo que queda después es devastador. Como un tsunami que lo arrasa todo a su paso y tan solo deja recuerdos y rastros. Como un volcán que lo moldea todo de nuevo, más grotescamente y gris. Como un huracán, que lo deja todo vacío. O como un terremoto, que lo destroza. Es todo eso y más. El hambre de victoria consume si uno lo permite. Y si no, también. A menudo, las ambiciones nos convierten en seres despreciables. Pero si no nos mueven ambiciones que nos motiven, estamos muertos. Muertos a los dieciséis y enterrados a los noventa. No hay respuestas y directrices para vivir, excepto tal vez, la de mantenerse con vida. Aclaremos, por cierto, la definición de vida. Algo más que oxigeno inundando pulmones y dióxido de carbono exhalado por labios. Algo más que levantarse por las mañanas, atrapado por la rutina. Algo más.

¿A qué esperas, Vivianne? Busca tu hambre de victoria y deja que te lleve, pero jamás permitas que te arrastre.