La verdad se que llevo muchísimo tiempo sin escribir aquí y tampoco tengo claro si voy a volver a hacerlo o no. Por ahora, puedo confiaros que me he cambiado de blog y ahora, cuando escribo, escribo solo allí. Es u gran proyecto algo polémico y a parte del hecho de que puede no interesaros y puede que no lleguéis a ver esto jamás, puede resultar ofensivo. No obligo a nadie a leerlo ni a seguirme, pero bueno, ¡me arriesgo! (La verdad es que tampoco estaba muy decidida a colgarlo o no, pero como tampoco tengo la esperanza de que lo lea una gran cantidad de gente...). Aquí os lo dejo:
http://ojodecyborg.blogspot.com.es/
Realmente necesitaba un cambio de aires y un lugar donde poder desarrollar este proyecto. Algunas entradas, no tendrán nada que ver con él, pero por el momento es a lo que me quiero dedicar en el plano bloguero. Así pues, me despido de aquí hasta nuevo aviso.
Espero que hayáis pasado unas buenas vacaciones.
¡Un abrazo!
Stop chasing shadows just enjoy the ride.
Me
despierto por la mañana con el regusto que te dejan las promesas incumplidas.
El aliento me huele a corazón roto y aunque me cepillo los dientes tres veces,
no se va. Hoy he soñado con increíbles lagos de zumo de arándanos, con fresas
bañadas en nata, con pastelillos de limón y un castillo tan grande que podrías
perderte en él y que no te encontraran jamás. Pero siempre había alguien a mi
lado. No podía verle la cara, pero en mi sueño se arriesgaba para salvarme.
Plantaba cara a los cocineros, que no estaban muy de acuerdo con que hurtáramos
la comida del banquete, con los guardias, que decían que la sala del trono era
solo para el rey, con los granujas que nos seguían para meterse debajo de mi
falda, porque no le parecía correcto que anduvieran husmeando entre mis
piernas. Peleó con todos y cada uno de ellos y solo para mí. Lástima que no
llegase a descubrir quién era. En cualquier caso, no me he despertado con el
sabor que dejan las fresas en la boca, o incluso la nata. Me he quedado con la
esencia de un beso robado que jamás fue devuelto, o de todos esos que se
quedaron sin dar. Con el de las promesas cuando fallan y las lágrimas saladas
que llegan a la comisura de los labios.
Tempus fugit carpe diem et memento mori.
¿Parezco
tan amargada como me siento?
Te
prometo que yo he intentado ser la de antes: miles de veces. Pero no funciona.
No me sale. Y tampoco no encuentro con qué sustituir los pedazos de corazón que
se llevó. Porque no contento con hacerlo añicos, decidió hurtar parte de él.
Luego echó a correr sin mirar atrás y sin dejar pistas. No hay engranajes que
hagan volver a funcionar este latido, al menos no de la misma forma. Ya sabes,
como en el poema de Bécquer. Y es que una vez partida la ilusión, no se
recompone. Es porcelana.
Por
las mañanas y a menudo tardo a encontrarme porque ya no me reconozco. Me miro
al espejo pero no me veo. El reflejo no me convence. Esta no puedo ser yo. Porque aunque me rompió, todavía queda algo
de mí. Y ese mí todavía es bonito y
tiene pizcas de especial, porque no pudo llevarse eso que lo enamoró.
Pero
me siento rara en este cuerpo que me queda grande. No puedo llenarlo con lo que
queda, al igual que tampoco puedo completarlo con nada nuevo. Estoy en stand by
mientras el tiempo sigue corriendo y la vida se cuela cada día por las persianas
de mi habitación para volver a salir sin darme ni las buenas noches.
las brujas no existen.
Nadie
sabe cómo se llama ni de dónde ha salido. Tampoco tienen ni idea de cómo un ser
humano es capaz de saberse tantos trucos de magia diferentes, pero todos
disfrutan con sus números. No entienden como una criatura tan pequeña ha podido
domar a un león hasta hacerlo su mejor amigo y mayor protector, pero no hacen
preguntas. No explicarse la sabiduría que rezuman sus ojos y el hecho de
que jamás la han visto durmiendo, pero actúan pueden como si no lo hubieran notado.
Todo el mundo tiene la extraña sensación de que hay una bruja entre las calles
de su adorable pueblo, pero Wellow nunca ha sido demasiado creyente ni tampoco
amigo de la Inquisición. Además, la pequeña Brielle no hacía daño a nadie y entretenía
a los niños antes de ir a dormir. (Aún así los cazadores dejaban cargadas sus
armas por si era necesario disparar).
Lo
que ellos no sabían era que Brielle se iría en cuanto hubiese conseguido lo que
quería. Tampoco que dejaría una estela de corazones rotos y un ejército entero
de devotos a Satán a su paso. Puede que, a fin de cuentas, a los habitantes de
Wellow les hubiera ido mejor de haber creído en brujas.
muévete a la iz... derecha está bien.
Esta
bailarina se me resiste.
Escribo
sobre el teclado que sus piernas la llevan hacia la derecha, pero sus
movimientos se deshacen hacia la izquierda. Le digo salta y se tumba, le digo
grita y susurra. Que inapropiado para una señorita gritar en la cama como si
estuviera viendo al diablo y susurrar seductoramente en un atraco al banco. Ni
frente a una erupción de volcán se desgañitaría. No, si yo le pido lo
contrario. ¿Y si le hiciera susurrar en vez de pedir socorro y viceversa?
Tampoco serviría. La señorita Dubois es inteligente. Cabe decir que cuando la fabriqué,
no lo hice pensando en que se volvería contra mí. Pero, ¿qué puedo hacer si se
arranca el tutú a mordiscos y me pide a gritos un billete para recorrer el
mundo entero? Le gusta viajar y no bailar. Pero yo la hice para brillar en los
escenarios. O tal vez, la hice a mi semejanza: un poco zorra, con la habilidad de parecer más estúpida de lo que en
realidad era, llena de monstruos que no la dejan dormir y con unas ansias
enormes de saber (y de hacerse saber).
Silencios de blanca y tiempos de negra.
Siente
el latido de la música por todo su cuerpo. La hace vibrar. La llena de una
energía extraña, un corriente eléctrico que la impulsa a moverse. Y se libera a
ese sentimiento.
La
magia del sonido la invade y ella permite que la controle. Sus brazos y sus
piernas se sincronizan a la perfección con el ritmo. Se sirve de tiempos de
negra para desplazarse por todo el escenario, mientras su cuerpo se mueve de
manera sinuosa, recordando a olas de mar. Aunque ella es más que eso. Es igual
de refrescante pero más dinámica. El mar atrae y encandila, llama con su oleaje
suave e hipnotiza. Ella llama pero no traiciona. No te ahoga en cuanto has
caído en sus fauces y si te despistas lo peor que puede pasarte es que el beso
te lo de pequeño o en mal lugar.
Dinamita
era la peor de las tres porque su trastorno venía de carencia importante de
amor. Tanto, que había dejado de quererse a sí misma. ¿Cómo iba a hacerlo, si
nunca le habían enseñado? Así que se vendía, se rifaba y se regalaba. ¿Qué
importaba, a fin de cuentas? Ella no era nadie y en nadie se quedaría.
Séptimo descubrimiento.
Chico, no duermes, ¿verdad? Escucha el primero.
En la vida lo más importante es saber decir no.
Apúntalo, que no se te olvide.
Mi primer compañero de habitación.
El señor Fermín (76 años)
05.12 de la madrugada.
Ciertamente,
este consejo me lo dio un hombre mayor con el que compartí mi primera
habitación de hospital. Era una habitación de seis personas; luego, más tarde,
entraría en la de dos personas. Me lo dio una madrugada. Las madrugadas unen
tanto que hacen que te atrevas a confesar deseos y sueños inconfesables. Más
tarde llega el día y con él… con él… A veces el arrepentimiento.
Mi
día llegó mucho más tarde y lo hizo en forma de tres largos meses. Todavía no
me había despertado de ese sueño (o pesadilla) liviano. Uno de esos que te hace
sonreír mientras duermes, que relaja los músculos y trae olores suaves de
vainilla y lavanda a tu cama. Pero ya me he arrepentido. Ya he lamentado cada
palabra que dije de madrugada, cada confesión de más que hice. Y he aprendido.
Hasta que se me olvide.
¿Sabes
que más he aprendido? A decir no. Con convicción y seguridad. Mi no me ha
transportado lejos de mentiras y engaños, de más dolor y de más madrugadas. Un
no es el mejor de los escudos y el mejor puente para cruzar al otro lado.
Sábanas y mecheros.
Tenía
una extraña fijación con las camas ajenas y le gustaba jugar con fuego. Se
ilusionaba con facilidad y el noventa por ciento de sus pensamientos eran
imaginaciones de cosas que no habían sucedido nunca (ni sucederían). Le gustaba
pensar que encontraría alguien que le abriría las sábanas de su cama a las tres
de la madrugada. También había creído ver más de una vez como su pistola le
sonreía, humeante, después de disparar. Pero eso no eran más que las
ensoñaciones de una niña pequeña, ahogada demasiado pronto en el cuerpo de
adulta y que a veces lograba salir a la superficie. Porque no había nadie que le
cediese un hueco en su cama a una asesina a sueldo y las pistolas no tenían una
boca con la que sonreír. Esta saumensch en particular tenía un problema grave
de personalidad y otro de bipolaridad.
Una
se llamaba Alessandra, otra Dinamita y la última solo zorra.
Pólvora.
Aprieta
el gatillo. El mecanismo de la pistola hará que se dispare la bala. Y la bala
se incrustará en mi frente, y provocará mi muerte instantánea. Todo se apagará
para mí y la guerra será tuya. ¿Por qué no disparas? ¿Por qué no acabas con
esto? Aprieta el gatillo. Tan solo mueve el dedo. Un solo gesto y estaré
muerta. Frente a ti, destrozada, sin vida. Un cuerpo inerte iniciando el
proceso de putrefacción. Y se terminará la guerra. Dispara, dispara, ¡dispara!
¿Por qué no disparas? Acaba con tus monstruos de una maldita vez, cretino
estúpido. La raza nazi pende de un hilo y tú tienes las tijeras para cortarlo.
¿Qué es lo que te pasa? ¿Acaso ya no sabes a quien le debes lealtad? Ambos sabemos
cuál es el bando en el que naciste, creciste y te criaste. Todos sabemos que
llevas el tatuaje más grande de todas las Águilas, todos saben la esvástica que
recorre tu piel y toda tu espalda. Y
todos sabemos que te echaste atrás, ellos saben que les serás fiel. ¡Pero aún
así no disparas! ¿Qué te pasa, Águila? ¿No eres lo bastante bueno? Hasta un estúpido
como tú sería capaz de mover un dedo. Un dedito de nada. BUM. Y la bala se
dispara. Click y la muerte me llega. ¿Qué te pasa, Draco?
¿Quieres
saberlo? ¿Quieres que te lo diga?
Te
has quedado sin pólvora. No la de tu arma, esa está intacta. La de tu alma, esa
es la que escasea.
¿Quieres
saber algo más?
Te
has enamorado, Draco. No te equivoques. No lo has hecho de esa estúpida polaca
comunista. Tampoco de mí, nadie se lo creería. Te has enamorado de libertad. Y
al deseo de libertad uno no puede resistirse.
¿Sabes
algo más, Draco? Libertad se escribe con esvásticas.
¿Sabes? No tendrás que fingir más.
¿Sabes lo que quedará de nosotros cuando me independice? Nada. El techo bajo el que vivimos, que es lo único que nos une, desaparecerá. No nos cruzaremos todas las mañanas, no haremos como que nos caemos bien. No fingiremos y podremos lamernos las heridas en paz. No tendré la necesidad de hacerte sentir orgulloso y tú no sentirás que te exasperas porque no soy lo que esperas. No sentiré el mismo rechazo cada mañana y tú no pensarás en qué pudiste hacer mal. Aunque esa interrogación hace tiempo que está respuesta y es todo. No eres capaz de entenderme porque nunca te ha importado. Y siempre que consigo desplegar las alas, haces que caiga una lluvia torrencial y me ahogo en todo lo que dices. Estoy harta de esta historia y de este todo lo podríamos haber sido si tú y yo no fuéramos tú y yo.
Porque se le llama realidad y no hay forma de tragarla.
Tanta película Disney es mala: no hay ni un puto príncipe
al final de la esquina. No hay historias trágicas de amor verdadero, ni finales
felices. No hay una maldita perdiz que comerse. Solo está lo que tú creíste, tu
mundo idealizado y tus recuerdos tergiversados. ¿Alguna vez te has parado a pensar
que habrá después de ese beso pletórico? ¿Alguna vez has imaginado el verdadero
the end? Porque haría llorar a las niñas y desarmaría a todos los caballeros.
Hola, ¿Androcles? A esta leona se le ha vuelto a clavar la espina en la pata.
"Sin embargo el animal se quedó inmóvil. Gemía y lloraba y lamía una de sus patas que sangraba. Fijándose en que el león estaba en gran dolor, Androcles se olvidó de su peligro y se acercó a la fiera que levantaba su pata como pidiendo socorro. El esclavo se dio cuenta de que una gran espina se había clavado en la pata. Tomándola en su mano, con jalón fuerte, sacó la espina y en seguida hizo lo necesario par detener la hemorragia."
Leyenda de Roma.
Somebody that I used to know.
El recuerdo duele porque
el pasado no vuelve. Pero el dolor es dulce y deja una sonrisa sobre los labios,
porque quema y da calor a partes iguales. Ese sentimiento cálido que inunda el
pecho y arranca suspiros, ese que te dice que todo ocurrió, que fue lo que fue
en su momento. Aunque no dure. Aunque esa persona ya no exista, aunque a veces
las palabras crueles que salieron de su boca regresen para hacer daño,
aunque... Dicen que si uno no es capaz de perdonar, nunca estará en paz consigo
mismo. La única forma de frenar la presión que ejerce la marea, es dejarla
pasar. Que inunde la playa, que la deje húmeda y mojada. Y luego que se vaya.
Solo hay que permitir que los sentimientos te aborden una vez más. Una solo.
Familiarizarte con ellos, sentir que forman parte de ti. Y aceptarlos. Porque el sol saldrá por la mañana y secará la
arena. Las corrientes traeran nuevas olas y la playa volverá a mojarse.
(Te echo de menos, a todo esto. Echo de menos la persona que llegaste a ser
y lo que fuímos juntos. Las sonrisas cómplices, las risas, las aventuras, la playa,
las malditas noches en la misma cama y tu respiración tranquila cuando sonreías.
Echo de menos algo que no existe. Y me resigno, me mojo con ello y me deshago de
ello. Solo que debo haberme despedido de ti unas mil veces y contando).
big girls don't cry.
Mis monstruos están aquí por él. Llegaron gracias a
él y también se quedan por él. Mis monstruos son él. Rencarnados y con nuevas formas,
más fuertes y más inteligentes. Más duros, fabricados con otra pasta, moldeados
para destruirme. Diferentes, más astutos, menos considerados, más constantes. Más
y mejor. Son una corriente, son la marea y sus olas, que golpean y erosionan continuamente.
No se cansan nunca y menos aún se rinden. No abandonan. Y progresan. Lentamente,
el mar va cambiando de forma a la roca. La convierte en una superfície lisa y perfecta.
Perfectamente inhumana. Antipática, desagradable, desconsiderada. Si caes por esta
piedra, no encontrarás salientes a los que agarrarte. Y solo unos metros más abajo, descubrirás el mar y su fondo. Y a los monstruos.
Que los nuestros sean los últimos de esta nación, Draco.
—¿Entiendes de lo que te hablo, Draco? Por supuesto, tú siempre has sido
muy listo. ¿Sabes? Siempre ha pensado que tu deberías haber iniciado la revolución.
Tú cara hubiera quedado mucho mejor al frente de los Águilas. Tienes todo lo que
hace falta para ser el líder. Tienes coraje, tienes la gilipollez necesaria para
no rendirte nunca y los tienes a ellos. A todos aclamando tu nombre, vitoreándote,
amándote. Son tu ejército, nunca el mío. Aunque obedezcan, te seguirán si decides
marcharte. Aunque respondan a las órdenes, siempre buscan saber lo que piensas,
adónde efocan tus ojos, que pasa por tu mente. Los Águilas son tuyos.
>>Pero, ¿sabes
qué más? Sí hay algo que yo tengo y, en cambio, tú no. No es coraje, desde luego.
No sería la primera vez que me echo atrás. Y desde luego, a gilipollas no te gana
nadie, pero ¿te digo lo que nos diferencia? Los motivos. No me mires con esa cara
de estúpido, sabes de lo que te hablo. Tus motivos no tienen fundamentos. Se basan
en la sangre, en eso que te han enseñado —Wild se rascó una ceja y sonrió, con amargura—. El odio nació
contigo como algo natural y forma parte de ti. No conmigo. A mí me corroe. Me está
matando un poco más cada vez, con cada muerte de esos asquerosos judíos. Pero yo
nunca había odiado antes. Vamos, no me mires así. Son un maldito cáncer, todos.
Lo que hacemos es lo que debemos hacer: exterminarlos. Pero antes yo no odiaba.
Si no hubieran hecho lo que hicieron... —volvió a sonreír, todavía con más amargura,
dejando al descubierto la mujer destrozada y podrida de odio que era—. Nunca me
hubiera metido en esta guerra. Es más, puede que lo hubiera hecho en el bando equivocado,
como los filandeses. Pero ahora ya lo tengo claro —añadió, con covicción, mientras
le quitaba el seguro al arma—. ¿Quieres saber qué es lo que está de mi parte, Draco?
La rabia, el dolor, la furia y el odio. Y solo ellos pueden hacer que esta bomba
estalle.
>>Y ahora escúchame bien, Águilucho. Vamos a salir ahí afuera con el
pecho descubierto. No solo porque haya un ejército entero confuso y desorientado,
si no porque es lo que tenemos que hacer. No más vidas alemanas robadas, no más
corazones rotos. Que los nuestros sean los últimos de esta nación, Draco.
De esto que los wild hearts can't be broken.
No teníamos ningún mapa del tesoro, pero nos lo inventamos.
No había ninguna cruz al final del camino, pero encontramos nuestro tesoro. No teníamos
metas, pero sí un par de sueños. No teníamos posibilidades, pero nos quedaban las
ilusiones. No éramos una adorable princesa y un apuesto príncipe y de hecho no llegábamos
ni a doncella y rana, pero el mundo era nuestro. No se escribieron canciones con
nuestras hazañas, así que tuvimos que hacerlo nosotros mismos. No salieron nuestros
nombres en los diarios, nuestras voces no aparecieron en la radio y no fuimos primer
plano en ninguna cadena internacional, pero seguro que has oído a hablar de nosotros.
Ya sabes. A él lo llaman sueño y a mí estupidez. Y uno no podemos estar
sin el otro, porque, ¿sabes? un estúpido sin sueño es claramente un caso perdido y un listillo no cumplirá su sueño porqué está asustado de las probabilidades de fallar. Fíjate si es grande el problema que de la estupidez a secas y del listillo sobrado se encarga esperanza, a dos banadas y sin ganancias. (Llevan tanto tiempo en números rojos que han tenido que pedirme un préstamo). Aunque supongo que sería poco caballeroso no admitir que llevamos tiempo afiliados a la perseverancia
y a su hermana gemela trabajo duro, de la empresa sudar la camiseta y derivados.
High for this.
Tengo miedo.
Mentira, mentira, mentira.
Tengo muchísimo miedo. Estoy completamente aterrada. Y desesperada.
¿Qué es ese ruido?
No, han sido imaginaciones
tuyas.
Ojalá algo hiciera ruido
de verdad, así podría distinguir realidad de ficción. O puede que eso fuera peor.
Calla, no pienses tan alto.
Tengo miedo.
Quiero sentirme segura, quiero
salir de aquí.
Pero no puedo moverme. No,
no te muevas ni un centímetro. Lo que está ahí, en la oscuridad, podría matarte.
Imagínate que te mata. Que
te desgarra y que te hace pedazos.
No, joder, no quiero morir.
No quiero sentir dolor, no quiero...
Shhhhht.
Ahora sí, se ha movido algo.
No es mi imaginación, no, ¡maldita sea!
¿Por qué no puedo moverme?
¿Qué es esto? Tengo algo en las piernas, algo no deja que me mueva. Estoy atrapada.
Tengo miedo.
Hace rato que no hablo, solo
pienso. Y tampoco soy yo, no exactamente. No estoy dentro de mi cuerpo. O por lo menos,
no del todo. Hay una parte de mí que vuela lejos.
¿Estoy muerta? No puedo hablar,
no puedo gritar. ¿Estoy respirando? No sé si estoy respirando.
No puedo recordar como he
llegado aquí.
Bebí. Bebimos. Todos. ¿Donde
fúimos? A la playa, fuímos a la maldita playa. ¿Y luego qué? No recuerdo nada. No
puedo recordar. Ah, joder.
Algo se ha movido.
¿Dónde? ¿Dónde se ha movido
y dónde estoy?
Tengo miedo.
Algo me arrastra. No es material,
no me toca, pero me arrastra. Me lleva lejos de aquí. Aquí no estoy tranquila,
tengo mucho miedo. Estoy perdida y no recuerdo. Ni respiro. Ni vivo, ni soy yo.
¿Estoy muerta?
Decidido, estoy muerta.
Me duele... ¿qué me duele?
La pierna. Sí, esto es mi pierna. ¿Y esto? La espalda. Me duele la espalda.
Puedo moverme. Ya puedo moverme.
Los brazos. Ah, como me duelen los brazos.
Me he caído de un quinto,
como mínimo. Mi espalda, mi cabeza... Me duele todo.
No puedo abrir los ojos. Sigo
encerrada en este cuerpo. Quiero salir. Quiero abrir los ojos.
Mentira, no puedo moverme.
Ya no siento dolor. Ya no siento nada. ¿Estoy muerta? Me he muerto, seguro. ¿Esto
es lo que se siente? ¿Dónde está la paz que prometen? Sigo teniendo miedo, no quiero
tener miedo.
Ya me calmo. Me calmo
poco a poco. Me relajo. ¿Qué relajo? Los músculos no... ¿Y la mente? Tampoco. Relajo...
el alma. Me relajo poco a poco. Me desvanezco.
Me voy.
Me estoy muriendo.
Oh.
Vaya.
Yo quería vivir un poquito
más.
¿Pero que es esto tan dulce?
Suena tan bien. Huele tan bien. Me relaja el alma. ¿Esto es la paz? Es la paz. Es
por aquí, tengo que seguir recto. ¿Qué es recto? ¿Que es arriba y abajo? No importa.
Es por aquí.
Oh.
Sense tú.
Su mirada me llena, sus
palabras me dan aliento. Sus puños me hacen golpear más fuerte, sus movimientos
me hacen ir más rápido. Su voz duplica mis capacidades, sus gestos me dan la
potencia que necesito. Su vitalidad me refuerza. Su confianza en mí me ciega de
fe y ambición. Me ciega de los límites.
Lástima que las cosas no hubieran sido diferente. Y suerte también, que
hayan sido así.
Otra bala perdida más.
No puedo entenderos. A ninguno.
Ni tan siquiera puedo intentar ponerme en vuestro lugar, desde vuestro punto de
vista. ¿Podríais vosotros, detrás de los ojos de Hitler? ¿Podríais, en el
cuerpo de Julio César? ¿Realmente podríais? Apostáis por años de sufrimiento con
las mejores cartas para conseguir un carpe diem idealizado. Os engañáis a vosotros
mismos y os contentáis con el resultado. Os maltratáis. ¿Nadie lo entiende? No importa
cuánto grite, cuánto repita, cuánto insista. Vuestro cuerpo es fortaleza. Vuestro
cuerpo sois vosotros. Ahí es donde vivís, donde viviréis una media de noventa años.
Vuestro cuerpo es una máquina. Es la mejor máquina. Pero no es inmortal. El oxigen
lo oxida y lo deteriora, lo convierte en una carcasa arrugada y llena de
manchas, lo vuelve débil y lo mata. No necesita vuestra ayuda para estropearse,
tiempo al tiempo. Y esas noches no llenan, esas caladas no alivian. Las lagunas
no borran los recuerdos que más duelen, el humo no oculta la realidad. La euforia
del momento justo después de clavarse la aguja no es permanente.
Solo quedará un cuerpo hecho pedazos y débil. Y vuestros recuerdos de sonrisas
y momentos perfectos, el mejor placebo para una realidad irreversible. Tengo hambre de victoria.
¿Conocéis esa sensación? Esa que te libera. Te lanza por los aires y te hace tocar ese límite que todos temen. La misma que te hace superarlo y marcar la diferencia. Esa que te motiva, esa que te da aire y te renueva las energías. Esa y solo esa. ¿Alguna idea de como describirla? El tiempo que pasas junto a ella es efímero y demasiado bonito como para masgastarlo tratando de buscar palabras para definirla. Es más, ¿alguna vez lo habéis intentado? Al hacerlo, se escapa y no permite que la atrapen. Es veloz y rauda, solo visita en los momentos justos y a veces peca de tramposa. Es un soplo de aire fresco. Y tenemos que permitir que nos lleve volando, porque de lo contrario, lo que queda después es devastador. Como un tsunami que lo arrasa todo a su paso y tan solo deja recuerdos y rastros. Como un volcán que lo moldea todo de nuevo, más grotescamente y gris. Como un huracán, que lo deja todo vacío. O como un terremoto, que lo destroza. Es todo eso y más. El hambre de victoria consume si uno lo permite. Y si no, también. A menudo, las ambiciones nos convierten en seres despreciables. Pero si no nos mueven ambiciones que nos motiven, estamos muertos. Muertos a los dieciséis y enterrados a los noventa. No hay respuestas y directrices para vivir, excepto tal vez, la de mantenerse con vida. Aclaremos, por cierto, la definición de vida. Algo más que oxigeno inundando pulmones y dióxido de carbono exhalado por labios. Algo más que levantarse por las mañanas, atrapado por la rutina. Algo más.
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