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Porque se le llama realidad y no hay forma de tragarla.

 Tanta película Disney es mala: no hay ni un puto príncipe al final de la esquina. No hay historias trágicas de amor verdadero, ni finales felices. No hay una maldita perdiz que comerse. Solo está lo que tú creíste, tu mundo idealizado y tus recuerdos tergiversados. ¿Alguna vez te has parado a pensar que habrá después de ese beso pletórico? ¿Alguna vez has imaginado el verdadero the end? Porque haría llorar a las niñas y desarmaría a todos los caballeros.

De esto que los wild hearts can't be broken.

No teníamos ningún mapa del tesoro, pero nos lo inventamos. No había ninguna cruz al final del camino, pero encontramos nuestro tesoro. No teníamos metas, pero sí un par de sueños. No teníamos posibilidades, pero nos quedaban las ilusiones. No éramos una adorable princesa y un apuesto príncipe y de hecho no llegábamos ni a doncella y rana, pero el mundo era nuestro. No se escribieron canciones con nuestras hazañas, así que tuvimos que hacerlo nosotros mismos. No salieron nuestros nombres en los diarios, nuestras voces no aparecieron en la radio y no fuimos primer plano en ninguna cadena internacional, pero seguro que has oído a hablar de nosotros. Ya sabes. A él lo llaman sueño y a mí estupidez. Y uno no podemos estar sin el otro, porque, ¿sabes? un estúpido sin sueño es claramente un caso perdido y un listillo no cumplirá su sueño porqué está asustado de las probabilidades de fallar. Fíjate si es grande el problema que de la estupidez a secas y del listillo sobrado se encarga esperanza, a dos banadas y sin ganancias. (Llevan tanto tiempo en números rojos que han tenido que pedirme un préstamo). Aunque supongo que sería poco caballeroso no admitir que llevamos tiempo afiliados a la perseverancia y a su hermana gemela trabajo duro, de la empresa sudar la camiseta y derivados.

High for this.


Tengo miedo.
Mentira, mentira, mentira. Tengo muchísimo miedo. Estoy completamente aterrada. Y desesperada.
¿Qué es ese ruido?
No, han sido imaginaciones tuyas.
Ojalá algo hiciera ruido de verdad, así podría distinguir realidad de ficción. O puede que eso fuera peor.
Calla, no pienses tan alto.
Tengo miedo.
Quiero sentirme segura, quiero salir de aquí.
Pero no puedo moverme. No, no te muevas ni un centímetro. Lo que está ahí, en la oscuridad, podría matarte.
Imagínate que te mata. Que te desgarra y que te hace pedazos.
No, joder, no quiero morir. No quiero sentir dolor, no quiero...
Shhhhht.
Ahora sí, se ha movido algo. No es mi imaginación, no, ¡maldita sea!
¿Por qué no puedo moverme? ¿Qué es esto? Tengo algo en las piernas, algo no deja que me mueva. Estoy atrapada.
Tengo miedo.
Hace rato que no hablo, solo pienso. Y tampoco soy yo, no exactamente. No estoy dentro de mi cuerpo. O por lo menos, no del todo. Hay una parte de mí que vuela lejos.
¿Estoy muerta? No puedo hablar, no puedo gritar. ¿Estoy respirando? No sé si estoy respirando.
No puedo recordar como he llegado aquí.
Bebí. Bebimos. Todos. ¿Donde fúimos? A la playa, fuímos a la maldita playa. ¿Y luego qué? No recuerdo nada. No puedo recordar. Ah, joder.
Algo se ha movido.
¿Dónde? ¿Dónde se ha movido y dónde estoy?
Tengo miedo.
Algo me arrastra. No es material, no me toca, pero me arrastra. Me lleva lejos de aquí. Aquí no estoy tranquila, tengo mucho miedo. Estoy perdida y no recuerdo. Ni respiro. Ni vivo, ni soy yo. ¿Estoy muerta?
Decidido, estoy muerta.
Me duele... ¿qué me duele? La pierna. Sí, esto es mi pierna. ¿Y esto? La espalda. Me duele la espalda.
Puedo moverme. Ya puedo moverme. Los brazos. Ah, como me duelen los brazos.
Me he caído de un quinto, como mínimo. Mi espalda, mi cabeza... Me duele todo.
No puedo abrir los ojos. Sigo encerrada en este cuerpo. Quiero salir. Quiero abrir los ojos.
Mentira, no puedo moverme. Ya no siento dolor. Ya no siento nada. ¿Estoy muerta? Me he muerto, seguro. ¿Esto es lo que se siente? ¿Dónde está la paz que prometen? Sigo teniendo miedo, no quiero tener miedo.
Ya me calmo. Me calmo poco a poco. Me relajo. ¿Qué relajo? Los músculos no... ¿Y la mente? Tampoco. Relajo... el alma. Me relajo poco a poco. Me desvanezco.
Me voy.
Me estoy muriendo.
Oh.
Vaya.
Yo quería vivir un poquito más.
¿Pero que es esto tan dulce? Suena tan bien. Huele tan bien. Me relaja el alma. ¿Esto es la paz? Es la paz. Es por aquí, tengo que seguir recto. ¿Qué es recto? ¿Que es arriba y abajo? No importa. Es por aquí.
Oh.

Tengo hambre de victoria.


¿Conocéis esa sensación? Esa que te libera. Te lanza por los aires y te hace tocar ese límite que todos temen. La misma que te hace superarlo y marcar la diferencia. Esa que te motiva, esa que te da aire y te renueva las energías. Esa y solo esa. ¿Alguna idea de como describirla? El tiempo que pasas junto a ella es efímero y demasiado bonito como para masgastarlo tratando de buscar palabras para definirla. Es más, ¿alguna vez lo habéis intentado? Al hacerlo, se escapa y no permite que la atrapen. Es veloz y rauda, solo visita en los momentos justos y a veces peca de tramposa. Es un soplo de aire fresco. Y tenemos que permitir que nos lleve volando, porque de lo contrario, lo que queda después es devastador. Como un tsunami que lo arrasa todo a su paso y tan solo deja recuerdos y rastros. Como un volcán que lo moldea todo de nuevo, más grotescamente y gris. Como un huracán, que lo deja todo vacío. O como un terremoto, que lo destroza. Es todo eso y más. El hambre de victoria consume si uno lo permite. Y si no, también. A menudo, las ambiciones nos convierten en seres despreciables. Pero si no nos mueven ambiciones que nos motiven, estamos muertos. Muertos a los dieciséis y enterrados a los noventa. No hay respuestas y directrices para vivir, excepto tal vez, la de mantenerse con vida. Aclaremos, por cierto, la definición de vida. Algo más que oxigeno inundando pulmones y dióxido de carbono exhalado por labios. Algo más que levantarse por las mañanas, atrapado por la rutina. Algo más.

¿A qué esperas, Vivianne? Busca tu hambre de victoria y deja que te lleve, pero jamás permitas que te arrastre.

Con personalidad de serie.

Oh, you wanna explain? Well your talk is cheap (just saying).



Tenía ganas de escribir sobre ti.
¿Sabes? El otro día alguien me dijo que, cuando se enfada con una persona, no le escribe. No se molesta ni un segundo en malgastar su tiempo escribiéndole. Vamos a dejar una cosa clara, príncipe de traje rasgado: no es por ti. Es por mí. Tú sabes de lo que hablo, no pongas esa cara. Te expresas de la misma manera.
Me sale un, ¿de qué vas?, casi sin pensarlo. Pero voy a intentar ser más correcta, puesto que es un texto escrito. Ets subnormal o quin mal pateixes? (Millor, veritat?)
Tengo ganas de decirte muchas cosas, pero en el fondo me da miedo perderme tus promesas. Principito, eres muy hábil con las palabras. Y eso me molesta. Dime, ¿es eso lo que hago contigo? Jamás traté de manipularte. Jamás quise tu interés ni tu preocupación, solo alguien con quien divagar. Pero tú juegas y usas las letras para dominar, para despertar sensaciones y emociones. Creas ilusiones de sentimientos que sé que no están allí. Incluso llegas a creerte tus propias mentiras. (¿Acaso no es esa una de las normas del decálogo del buen mentiroso? Nunca llegues a creer realmente en lo que dices o estarás perdido y acabado).
Mentiroso. Que mal sabe la palabra en la boca. Dan ganas de escupírtela en la cara y dar media vuelta. O no. Tal vez me quedaría para ver tu reacción. O tal vez jamás llegue a decírtelo y acabe saliendo de la boca de alguien que realmente te importa. Y te destroce.
Promesa. Deja un regusto amargo en los labios. Y al tragártela es todavía peor, sobre todo si llegas a confiar en ella. Porque te ahoga.
Estoy cansada de mentiras y de promesas, y más aún si van juntas en la misma frase. Estoy cansada de que pienses que puedes hacer lo que te dé la gana, que eres encantador. Eh, Principito, no lo eres. Solo uno más de esos capullos que hay que tragarse para poder sentir mariposas.

(No vuelvas a llamarme princesa, por cierto. No vuelvas a decir que me quieres).

Put your grafitti on me.


Cada una de las personas que pasan por nuestra vida dejan huella. Por pequeño que sea el espacio de tiempo que están con nosotros, nunca falla un rastro de su presencia. Aunque puede ser minúscula y tener un efecto casi invisible, también podría ser una pisada enorme que nos marcase de por vida. Con tan solo un par de segundos, alguien es capaz de cambiar nuestra impresión del mundo por completo.
Estamos hechos de esas marcas y de esas impresiones. La gente entra y sale con los zapatos manchados de barro, dejando un camino recorrido en nuestro interior. Y pobre de aquel que se dedique a borrar las pisadas en vez de intentar aprender de ellas. Con lo fácil que sería no tener que repetir algo doloroso nunca más (y tener la fórmula para que algo bonito sí se reprodujera infinitamente).
Supongo que casi después de un año, no me he atrevido a borrar esas huellas. No porque me hayan enseñado nada, claro, si no porque estoy segura de que me irá bien tenerlas ahí, como referencia. 
Lo llaman experiencia. (Aunque yo me he encariñado y le he puesto piedra. Que loco anda el mundo, ¿eh?)

We found love in a hopeless place.


Me paro un segundo y me doy cuenta de que nada de lo que veo es lo que quiero. Retrocedo un par de pasos y me meto en un callejón sin salida, esperando a que los acontecimientos no logren seguirme. Una y otra vez, esa piedra me barra el camino, el de la dirección correcta. Así que podríamos decir, al menos, que no tropiezo. (Aunque quien sabe, tal vez un encuentro con el suelo me iría bien).
También tengo claro que sí soy capaz de cambiar de opinión tan radicalmente en tan solo tres segundos, no es para tanto. Así que en consecuencia, no vale la pena. (Pero, espera, dame tres segundos más).
Tal vez todavía estoy esperando a que las decisiones me exploten contra el pecho, de repente. Puede que en el fondo, solo espero a que alguien decida por mí. Y también está el hecho de que,  en caso de que alguien decidiera en mi lugar, se lo recriminaría toda una vida. (Pero así de complicada es la situación. Un dédalo).

Tres causes justes per les que lluitar.

Respecte, els somnis, Maria Torres Ferrer.
1. Base de les relacions humananes, indispensable per a la convivència i el benestar general de la societat.
2. Algú em va dir una volta que <<solo somos capaces de hacer aquello que somos capaces de imaginar; soñad siempre>>.
3. La suerte de mi vida. Encara que em desperti de malhumor, no hi ha altre motiu pel cual em llevi als matins.

Diccionario de definiciones.
Causa:
1 La causa d’una cosa és allò que fa que passi.
2 Quan diem que una persona defensa una causa és que està a favor d’unes idees o d’unes acciones en particular.

Matices (Diferencias).

Diccionario de definiciones.
Ilusionarse:   
1  hacer que alguien tenga esperanzas por algo  
2  fantasear, delirar.
Soñar:  
1   Representarse cosas o sucesos en la mente mientras se está dormido.
2   Desear intensamente o durante mucho tiempo

Ilusionarse es una pérdida de tiempo, mientras que soñar es un proceso. Primero se sueña, luego se idealiza y por último, se realiza. (Ilusionarse por su parte, tiene tres fases: ilusionarse, alimentar la ilusión y desilusionarse).

Let the flames begin.

Deja que el río fluya, que el viento sople, que el sol caliente. Deja que todo transpire, se disuelva y desaparezca. Deja que surja, que se suceda, que se escape. Deja, no fuerces.

Vamos, ¿o es que nadie se ha dado cuenta que lo mejor viene cuando no se espera? Y es que cuando se desea algo con demasiada fuerza, se malogra. (Y también, a veces, a la vida le justa a jugar al a ver cuánto sabes valorar).

Las oportunidades van y vienen, otras se mantienen y en algunos casos, ni llegan a aparecer. Las ocasiones son una constante mientras que nuestra capacidad para verlas es una suerte. Nos pasamos una tercera parte de nuestra vida durmiendo, que no soñando. Y otras teniendo pesadillas, siendo presas de nuestro subconsciente.


Dicen que cada uno de nosotros es el mejor en algo. En algo que puede resultar para nada útil o del contrario decisivo en un momento de necesidad. Tal vez todavía no hemos encontrado ese algo y tal vez no lo encontremos jamás.  


Pero en el fondo, ¿qué importa todo? Dime, ¿te han hablado del Memento Mori? Recuerda que morirás. Cuando, en la Roma antigua, un general desfilaba victorioso por las calles de Roma, procuraba llevar consigo un siervo que le recordase su naturaleza humana y le previniera de la soberbia. Respice post te! Hominem te esse memento! Y como tal, acabarás muerto y bajo tierra. ¿Qué importa las batallas vencidas, los ejércitos destrozados, las proezas realizadas? Al final, todo es polvo en el viento.

Surges y de repente la vida olvida a la muerte.

Desde pequeños nos han enseñado a automotivarnos, a sentir curiosidad, a ser emprendedores y a actuar por nosotros mismos. A trabajar para conseguir resultados y a no depender de nadie. A no desanimarse, a ir progresando poco a poco. Pero pasa que a veces nos sentimos solos. Solos y frustrados, desesperados, agotados, turbados y con ganas de tirar la toalla. A veces lo único que necesitamos son unas palabras de aliento, una palmadita en la espalda, un empujón, un grito de ánimo. Un algo que nos diga que seguimos ahí, que mejoramos, que nos tienen en cuenta, que nos apoyan, que están con nosotros.

Pero, ¿qué pasa cuando no tienes a nadie? Se pueden seguir dos caminos; uno es la retirada, vergonzosa y fácil. El otro es presentar la caballería, dura y difícil de mantener. El primero te brinda tiempo para gastarlo en otras cosas, el segundo te recompensa y te hace sentir realizado. Me imagino que debería ser más fácil no tener a nadie y que el resto estuviera como tú. Es fácil comprender el desánimo experimentado cuando ves que todo el mundo se apoya y se ayuda, y tú por algún motivo, no entras en ese grupo. Dejando de lado los motivos de esa exclusión, ¿qué haces? ¿Retrocedes con toda tu caballería y huyes? ¿O sigues adelante, cruzando arenas movedizas? (Sigue. Sigue siempre adelante).

Gràcies, Tito, per sortir del no res i ajudar-me. Diven que sap més el diable per vell que per diable. M’agradaria saber si em vares veure necesitada o si simplement captares potencial. En qualsevol cas, no importa; pens esforçar-me al màxim i donar el millor que tenc cada dia. Aplicaré tot el que m’ensenyes, totes ses tevés estratègies de lobo de mar i aniré cresquent poc a poc. (No fallaré).

Do you believe in magic?

Descartes afirmaba, sobre la teoria de Da Vinci que decía que en nuestra forma original tuvimos cuatro brazos, cuatro piernas y dos caras, que Zeus se había visto amenazado por la raza humana y los había partido en dos, condenándonos a vagar por la vida buscando a nuestra otra mitad.

Nuestra otra mitad, tal vez no es del sexo opuesto. Tal vez aunque lo sea, no acabes con él. Es simplemente esa persona, que encaja con nosotros a la perfección, como dos piezas de puzzle. Hechas la una para la otra. Que se entienden sin hablar, con las miradas. Que perciben los pensamientos, que adivinan las ideas. Que saben que sueños desea cumplir el otro, lo que les duele, lo que los hace felices. Y que tienen la necesidad de cumplir esos sueños, de evitar su dolor, y de hacerlos felices.

Tal vez es esa persona a la que llamas mejor amigo. Tal vez todavía no la has encontrado, o tal vez creas que ya la tienes y te equivocas. Tal vez esté justo ahí, a tu lado, y tardes todavía treinta años en darte cuenta. Tal vez se la ha llevado una enfermedad y nunca estarás completo. Tal vez tú mismo te niegas a estar con la otra pieza, tal vez...

Maybe this is what happens when a tornado meets a volcano.

No necesito perder a nadie para darme cuenta de lo que vale. No necesito que se mude y se vaya a otro continente o que simplemente, se muera. No necesito refranes absurdos que me enseñen vida. Conozco el valor de los objetos, las personas y de las relaciones. No hay nada que enseñe más que la experiencia. No hay nada más valioso que salir y vivir. (A veces, hace falta jugar con fuego. A veces lo único que necesitamos es darnos con un canto en los dientes).