Mostrando entradas con la etiqueta lo que una saumensch no diría nunca. Mostrar todas las entradas
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¿Sabes? No tendrás que fingir más.
¿Sabes lo que quedará de nosotros cuando me independice? Nada. El techo bajo el que vivimos, que es lo único que nos une, desaparecerá. No nos cruzaremos todas las mañanas, no haremos como que nos caemos bien. No fingiremos y podremos lamernos las heridas en paz. No tendré la necesidad de hacerte sentir orgulloso y tú no sentirás que te exasperas porque no soy lo que esperas. No sentiré el mismo rechazo cada mañana y tú no pensarás en qué pudiste hacer mal. Aunque esa interrogación hace tiempo que está respuesta y es todo. No eres capaz de entenderme porque nunca te ha importado. Y siempre que consigo desplegar las alas, haces que caiga una lluvia torrencial y me ahogo en todo lo que dices. Estoy harta de esta historia y de este todo lo podríamos haber sido si tú y yo no fuéramos tú y yo.
big girls don't cry.
Mis monstruos están aquí por él. Llegaron gracias a
él y también se quedan por él. Mis monstruos son él. Rencarnados y con nuevas formas,
más fuertes y más inteligentes. Más duros, fabricados con otra pasta, moldeados
para destruirme. Diferentes, más astutos, menos considerados, más constantes. Más
y mejor. Son una corriente, son la marea y sus olas, que golpean y erosionan continuamente.
No se cansan nunca y menos aún se rinden. No abandonan. Y progresan. Lentamente,
el mar va cambiando de forma a la roca. La convierte en una superfície lisa y perfecta.
Perfectamente inhumana. Antipática, desagradable, desconsiderada. Si caes por esta
piedra, no encontrarás salientes a los que agarrarte. Y solo unos metros más abajo, descubrirás el mar y su fondo. Y a los monstruos.
Sense tú.
Su mirada me llena, sus
palabras me dan aliento. Sus puños me hacen golpear más fuerte, sus movimientos
me hacen ir más rápido. Su voz duplica mis capacidades, sus gestos me dan la
potencia que necesito. Su vitalidad me refuerza. Su confianza en mí me ciega de
fe y ambición. Me ciega de los límites.
Lástima que las cosas no hubieran sido diferente. Y suerte también, que
hayan sido así.
Olas, constancia y un rayo de sol.
Y me convence el recuerdo, me vence. Derriba todos mis
esfuerzos, se lleva todo mi empeño. Me desviste de toda esta pretensión, toda la
convicción y toda la seguridad. Y a la vista y sin toda la armadura, mi piel es
más blanca, más sincera. Supongo que en el fondo, siempre has tenido la habilidad
para ganarme. (Recuérdame que te agradezca que la usaras solo de vez en cuando).
Porque la admiración y el respeto pueden siempre más que las amenazas o el miedo.
En contrapunto, él es como un rayo de sol. Todo aquello que siempre hubiera querido
como mío, como una parte más cercana de mi vida. Pero me conformaré. Lograré aprender
de él, de todo lo que me enseña día a día, del esfuerzo y la dedicación, de su sonrisa
y el orgullo de su mirada, de su felicidad al ver que algo sale bien. De la satisfacción,
sobretodo. De su reconocimiento, de esa palmadita en la espalda, de su apoyo, de
su ánimo. De su jodida habilidad por empujarme pase lo que pase, de encontrar las
palabras adecuadas, el gesto justo para ayudar a levantarme. A seguir intentándolo,
como olas que van a parar a la playa, que erosionan sin detenerse una detrás de
la otra. Pero las olas no serían sin viento.
You are such a liar.
A veces simplemente no salen las
palabras. Sientes una fuerte presión apretándote el cuello, unas manos
invisibles que te rodean la garganta, atrapando lo que tengas que decir. Y
luego te atragantas con las frases y los signos de exclamación. Tanto que acabas
llorando. No porque duela, claro. Todo es metafórico. No tienes vocales
atascadas en la tráquea, todo es mental. Pero ahí está, tu incapacidad de usar
el verbo. De no dejarte expresar lo que sientes. Te ofuscas y te sientes
atrapado y débil. Porque no sirve nada de lo que digas y mucho menos lo que
hagas.
Ahora mismo no salen las palabras.
Son sentimientos extraños y contradictorios. De esos que cada uno siente de una
forma diferente y que además, solo entendemos sufriéndolos en carne propia.
Decepción, enfado, tristeza, rabia, ofuscación, miedo, impotencia, prepotencia,
dolor, vergüenza, odio, desengaño, frustración, pánico y una nostalgia extraña,
un malestar general y un algo que me recuerda que antes era mejor.
¿Alguno recuerda cómo llegamos
hasta aquí? Mi mente se niega a recordar. ¿O es que nadie prestó atención? Lo
sabes tú, ¿eh? No. Tú el primero que desatendiste.
(A veces me descubro a mí misma
queriendo ser exactamente lo que quieres que sea. Ahí nace la vergüenza y el
odio. No a ti, claro. A mí. Un odio profundo que se alimenta del rechazo
continuo y diario).
Te echo de menos. Pero ya dijimos
una vez que echar de menos algo que existe es tan inútil como absurdo. Y no me
gusta perder mi tiempo. Carpe that fucking diem y todo eso, ya sabes. No tengo
tiempo para reflexionar, y de hecho será mejor que no me lo tome. Y también
tengo muchas cosas de decirte, pero supongo que jamás las diré. Las palabras se
quedarán, no atragantadas en mi garganta, si no mucho más abajo. Ahí, en el
corazón.
Vergüenza – Schande.
1.
f. Sentimiento ocasionado por alguna falta cometida, o por
alguna acción deshonrosa y humillante.
2. Timidez que una persona siente
ante determinadas situaciones y que le impide o decir una cosa.
No existes.
No existes. No eres más que un reflejo de lo que podrías
haber sido. Como una frase que promete, se empieza, pero se queda a medias.
Como un anhelo que se queda en ilusión y se quiebra. Como… Nadie. No eres
nadie. Ni si quiera estás aquí. ¿Y tú quien eres? Me sé tu nombre, pero no tu
historia. Como tú conmigo. Y de hecho, a veces dudo que te sepas mi
nombre. Cada día la misma historia. Se
repite una y otra vez. Y yo ya no le atribuyo nada a la adolescencia ni a las hormonas.
Esto es culpa tuya.
(No existes).
My body needs a hero.
What doesn’t kill you make you stronger.
Al
final, ver tú cara inexpresiva todas las mañanas será bueno para mí. Al final,
acostumbrarme a que estés sin existir, me ayudará. Al final, no conocerte y que
seas solo un vacío, un bulto sin corazón en el sofá, me hará mejor. Al final,
aguantar todas y cada una de las cosas que haces y provocan que me caiga y me
derrumbe, será útil. Al final, tener que pelear contra mis propios impulsos de
seguirte y transformarme en alguien como tú, me convertirá en alguien mejor. Al
final, todo al final. Solo tengo que aguantar la embestida y al final, sonreír.
Siempre así. Siempre en la misma línea.
(¿Y
tú quien eres? ¿De dónde has salido y qué es lo que quieres?).
No
recapacitas. No eres consciente de lo que haces. ¿Qué te domina cuando actúas
así? ¿Qué monstruo hay dentro de ti? Me da miedo. (Por qué, ¿sabes? Esa bestia
que te hace perder el control a ti, es la única que puede hacer perdérmelo a
mí).
My one worst fear is become anything like you.
Y
eso que ya soy la mitad de ti.
(Trying not to break but I'm so tired of this deceit).
Estoy cansada. Tengo el alma cansada. ¿Conocéis esa sensación?
(Cansada de gente que no comprende, de gente que
amarga, de gente).
¿Nunca habéis tenido la sensación de saber que
algo va a romperse? La tensión, el equilibrio que lo mantiene todo, la
paciencia de alguien. Y sabéis que va a ser peor, pero tenéis la mente
demasiado nublada como para evitarlo, como pararos a pensar y… recapacitar.
(Porque, después de haber actuado erróneamente, y echando un vistazo al pasado,
nos damos cuenta de que de haberlo pensado todo sería muy diferente).
Y con estas palabras pienso. Me reprimo en un
silencio que solo los ojos deshacen. Porque aunque aquí no haya signos de
exclamación, estoy gritando. (¿No lo oyes? Estoy quebrándome la voz a gritos).
Algún día escribiré todo lo que provocas. Todos
los tornados y volcanes que haces estallar en mi interior, todas las pesadillas
y sueños inquietos, todos y cada uno de esos puñetazos lanzados al aire con un destinatario
demasiado lejano.
Müdigkeit – cansancio.
1.
Falta de
fuerzas que resulta de haberse fatigado
2.
Aburrimiento,
tedio, hastío.
This is home.
Te odio.
No es un sentimiento corriente. No es algo común que se vea todos los días. No es de ese tipo de odio que ahora se usa tanto. Es más profundo, más doloroso, más retorcido. Me consume por dentro, me marchita y me pudre. Me hace menos humana y a veces, me domina y hace que me mueva únicamente por su fuerza.
Te detesto. Me provocas náuseas. Parásito.
Desaparece. ¿No podrías hacerlo, eh? Por mí. Por ti. Desaparece y no vuelvas nunca. ¿Para qué? No te necesito. Me sentiré más ligera si te marchas. Ligera y libre. Vete. De verdad. También será mejor para ti. Una simbiosis perfecta, a distancia.
Déjame vivir. Déjame existir. (La única forma es que te vayas, porque, ¿sabes? Mi mente estúpida está en mi contra, y todavía hoy, después de todo lo pasado, trato de ser lo mejor para ti. Trato de que estés orgulloso de mí. Trato de ser aquello que siempre has querido. A estas alturas).
Perdona, ¿te conozco?
Existen más de siete mil millones de habitantes en el planeta. Un siete y nueve ceros. Pero de todas ellas, solo existe una capaz de hacerme perder el control con una sola mirada, una sola palabra, un solo movimiento. Me basta su simple presencia para enloquecer.
No voy a lloriquear y a lamentarme de mi mala suerte. No voy a autocompadecerme. Pero, ¿sabes? A veces es difícil no pensar en ello. Soñar con una realidad diferente, imaginarme como las otras siete mil millones. Al menos, puedo decir que nunca lo echaré de menos. Porque dime, ¿acaso añoras algo que jamás has visto, tenido o conocido? Imposible. Imposible e inútil. ¿Para qué molestarme? Supongo que las cosas están bien tal y como están. Al fin y al cabo, llevo ya casi dieciséis años así. (Creo que estoy en derecho de decir que no me ha ido tan mal).
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