Let the flames begin.

Deja que el río fluya, que el viento sople, que el sol caliente. Deja que todo transpire, se disuelva y desaparezca. Deja que surja, que se suceda, que se escape. Deja, no fuerces.

Vamos, ¿o es que nadie se ha dado cuenta que lo mejor viene cuando no se espera? Y es que cuando se desea algo con demasiada fuerza, se malogra. (Y también, a veces, a la vida le justa a jugar al a ver cuánto sabes valorar).

Las oportunidades van y vienen, otras se mantienen y en algunos casos, ni llegan a aparecer. Las ocasiones son una constante mientras que nuestra capacidad para verlas es una suerte. Nos pasamos una tercera parte de nuestra vida durmiendo, que no soñando. Y otras teniendo pesadillas, siendo presas de nuestro subconsciente.


Dicen que cada uno de nosotros es el mejor en algo. En algo que puede resultar para nada útil o del contrario decisivo en un momento de necesidad. Tal vez todavía no hemos encontrado ese algo y tal vez no lo encontremos jamás.  


Pero en el fondo, ¿qué importa todo? Dime, ¿te han hablado del Memento Mori? Recuerda que morirás. Cuando, en la Roma antigua, un general desfilaba victorioso por las calles de Roma, procuraba llevar consigo un siervo que le recordase su naturaleza humana y le previniera de la soberbia. Respice post te! Hominem te esse memento! Y como tal, acabarás muerto y bajo tierra. ¿Qué importa las batallas vencidas, los ejércitos destrozados, las proezas realizadas? Al final, todo es polvo en el viento.

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