A veces simplemente no salen las
palabras. Sientes una fuerte presión apretándote el cuello, unas manos
invisibles que te rodean la garganta, atrapando lo que tengas que decir. Y
luego te atragantas con las frases y los signos de exclamación. Tanto que acabas
llorando. No porque duela, claro. Todo es metafórico. No tienes vocales
atascadas en la tráquea, todo es mental. Pero ahí está, tu incapacidad de usar
el verbo. De no dejarte expresar lo que sientes. Te ofuscas y te sientes
atrapado y débil. Porque no sirve nada de lo que digas y mucho menos lo que
hagas.
Ahora mismo no salen las palabras.
Son sentimientos extraños y contradictorios. De esos que cada uno siente de una
forma diferente y que además, solo entendemos sufriéndolos en carne propia.
Decepción, enfado, tristeza, rabia, ofuscación, miedo, impotencia, prepotencia,
dolor, vergüenza, odio, desengaño, frustración, pánico y una nostalgia extraña,
un malestar general y un algo que me recuerda que antes era mejor.
¿Alguno recuerda cómo llegamos
hasta aquí? Mi mente se niega a recordar. ¿O es que nadie prestó atención? Lo
sabes tú, ¿eh? No. Tú el primero que desatendiste.
(A veces me descubro a mí misma
queriendo ser exactamente lo que quieres que sea. Ahí nace la vergüenza y el
odio. No a ti, claro. A mí. Un odio profundo que se alimenta del rechazo
continuo y diario).
Te echo de menos. Pero ya dijimos
una vez que echar de menos algo que existe es tan inútil como absurdo. Y no me
gusta perder mi tiempo. Carpe that fucking diem y todo eso, ya sabes. No tengo
tiempo para reflexionar, y de hecho será mejor que no me lo tome. Y también
tengo muchas cosas de decirte, pero supongo que jamás las diré. Las palabras se
quedarán, no atragantadas en mi garganta, si no mucho más abajo. Ahí, en el
corazón.
Vergüenza – Schande.
1.
f. Sentimiento ocasionado por alguna falta cometida, o por
alguna acción deshonrosa y humillante.
2. Timidez que una persona siente
ante determinadas situaciones y que le impide o decir una cosa.
No hay comentarios:
Publicar un comentario