Lo que nunca se va.

Y los sentimiento desgarran. Como cuchillos, como dientes, como recuerdos. Se clavan y se dejan caer, arrastrándolo todo a su paso. Abren heridas y crean de nuevas, sin dejar tiempo para que cicatricen ni unas ni otras. Nunca llegan a irse del todo, jamás. Solo esperan y esperan. Sin cansarse, sin perder el aliento. Dispuestos a rasgar y romper. Pero, ¿sabes que es lo peor? La añoranza. Esa certeza de saber que nada volverá a ser como antes, ese sentimiento de nostalgia hacia un pasado que no volverá. Un sentimiento poderoso que ahoga, que consume. Acelera y refrena el corazón a destiempo, destempla la piel y nubla la vista. Son como miles de agujas que se te clavan por toda el cuerpo con un dolor intenso. Tanto que incluso llega a parecer que falta materia para sentirlo todo a la vez. Ah, la nostalgia. Ah, el tiempo. Ah, esta mierda descafeinada que vivo cada día desde que me levanto hasta que consigo descansar, esta mierda desde que tú ya no estás. Eso que todos llamáis vida.

2 comentarios:

  1. El alcohol (sin lanzarse) también ayuda a veces (mentira, pero hay que creer en algo cuando ya nada queda)

    Me gusta gustado mucho ^^

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