Deja entonces que una simple melodía te salve. Te aparte,
te libre de estas cadenas, desate tu mente y te llene. Permite que sirva de bálsamo
para tu cuerpo, que acaricie tus sentidos. Permite que te lleve, cogidos de la mano,
lejos. Lejos del suelo, donde la gente perece de injusticia y hambre. Permite,
solo duarnte cuatro cortos minutos, viajar sin moverte de donde estás. Y que respiro,
poder descansar la mente un solo segundo, sin tantos pensamientos zumbando arriba
y abajo. Que respiro y que respiración más tranquila. Que alivio, poder cerrar los
ojos y no tener que preocuparme por nada. Que sensación más increíble, que descanso,
que indescriptible, que maravilloso. Sonríe, al final de la canción. Una sonrisa
del alma, de las de verdad y de las que se lanzan al vacío sin otro destinatario
que tu mismo. Atento al momento en que vuelvas a abrir los ojos, alerta al mundo
que vuelve a acecharte, dispuesto a robarte la tranquilidad. Prepárate para los
intentos de la sociedad para ahogarte, incluso en la parte más íntima y recóndita
de tu casa, de tu propia habitación. Pero tranquilo, siempre puedes volver a escapar,
cuando quieras.
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