Y los sentimiento desgarran. Como cuchillos, como dientes, como recuerdos. Se clavan y se dejan caer, arrastrándolo todo a su paso. Abren heridas y crean de nuevas, sin dejar tiempo para que cicatricen ni unas ni otras. Nunca llegan a irse del todo, jamás. Solo esperan y esperan. Sin cansarse, sin perder el aliento. Dispuestos a rasgar y romper. Pero, ¿sabes que es lo peor? La añoranza. Esa certeza de saber que nada volverá a ser como antes, ese sentimiento de nostalgia hacia un pasado que no volverá. Un sentimiento poderoso que ahoga, que consume. Acelera y refrena el corazón a destiempo, destempla la piel y nubla la vista. Son como miles de agujas que se te clavan por toda el cuerpo con un dolor intenso. Tanto que incluso llega a parecer que falta materia para sentirlo todo a la vez. Ah, la nostalgia. Ah, el tiempo. Ah, esta mierda descafeinada que vivo cada día desde que me levanto hasta que consigo descansar, esta mierda desde que tú ya no estás. Eso que todos llamáis vida.
El alcohol (sin lanzarse) también ayuda a veces (mentira, pero hay que creer en algo cuando ya nada queda)
ResponderEliminarMe gusta gustado mucho ^^
Ah, pero yo odio la bebida con todas mis fuerzas.
Eliminar