Un 4 de noviembre...

A veces, la vida se porta mal con nosotros.
A veces, se porta bien. Realmente bien.
¿Sabes qué, hermano? Conmigo fue un rayo de sol.


Y pensar que no existe otra persona igual que tú. Que eres único en el mundo. Único en tu manera de ver las cosas, de vivirlas, de afrontarlas. Único en tu forma de estar siempre ahí, en la distancia. Único, en definitiva. (Única también, la suerte de haberte encontrado). ¿Sabes? Hace exactamente cinco meses y un día que no te veo. ¿Para cuándo decías que ibas a venir a visitarme a la isla? Te recuerdo que me prometiste que harías todo lo posible.

¿Sabes qué más? Estoy teniendo un par de días malos. Un par largo. Creo que necesito desconectar (iría a correr, pero llueve). Suerte que esta tarde tengo entreno. Y suerte que estás tú. Este fin de semana tenemos que hablar, recuérdame que te llame (pero de verdad, que siempre decimos lo mismo y luego se nos olvida).

Te quiero, hermano. Te quiero, te admiro y te añoro.

No hay comentarios:

Publicar un comentario