¿No vas a llevarme de paseo? ¿No vas a invitarme a cenar? ¿No vas a componerme cientos de canciones de piano? ¿No vas a prometerme miles de cosas para luego no cumplir ninguna? ¿No vas a romperme el corazón?
Y entonces, ¿qué haces aquí?
(What is the point of being alive if you don't at least try to do something remarkable?).
Nosotros podríamos haber hecho algo memorable, cariño. Podríamos haber tenido nuestra propia historia de amor. Más dramática que la de Tristán e Isolda, con más batallas que la de Paris y Elena, más conocida que la de Romeo y Julieta y más auténtica que la de cualquiera. Sería real. La viviríamos intensamente y moriríamos a cada instante por ella. O al menos, eso haría yo.
Pero no te preocupes. No pongas esa cara. No soy estúpida. Somos jóvenes y queda muchísima vida por delante. ¿O acaso crees que espero una boda, hijos, responsabilidades y compromisos? Se trata de vivir, simplemente. Sin preguntarte lo que va a pasar después, sin pensar en un futuro.
Se trata de hacer las cosas bien, de implicarse, de sentir y de hacer algo en esta vida. ¿Y qué más noble que amar y desvivirse por alguien?
Amor.
Calla, deja que resuene la palabra en tu cabeza.
Dila bajito, susurrando y déjala flotando en el aire. Siente como te hace cosquillas en los labios, como te acelera el corazón y te hace vibrar.
Amor.
Ese que es de verdad. Que no entiende de sociedad, ni de críticas, ni de inseguridades, ni de ropa. Que se siente más que se describe, que no tiene la necesidad de explicarse, de poner excusas o dar razones. Simple.
Vamos, permítete un segundo para soñar. Piensa en ello. Piensa en el amor como el hecho de amar a alguien libremente, de darle todo lo que tienes.
Y ahora vuelve a la realidad. A esa rutina de camas ajenas y sentimientos ausentes.
Pero al menos, hubiéramos tenido nuestra propia historia de amor.
(Ahora en serio. ¿No tienes pensado enamorarme?).
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