¡Si no sabes morder no nos vengas a ladrar!


Cuanto más estrecha es la mentalidad más grande es la boca. Y más gritos sueltan. ¿Quién le quita la razón a quién la impone por la fuerza? Se van comiendo nuestra libertad, nuestra capacidad de pensamiento. ¿Cuántos de nosotros sentimos curiosidad? Ninguno. No nos interesa nada de lo que hay ahí fuera. (De hecho, ¿para qué salir de nuestra habitación, si lo tenemos todo a un click de ratón?). Todo esto también va por vosotras, chicas. A vosotras, que os encanta hablar siempre del carpe diem pero os pasáis el día encerradas en vuestra habitación, consumiendo vuestra juventud frente a una pantalla.

La mayoría del tiempo no somos conscientes de lo muchísimo que nos manipulan. Nos creemos libres, cuando en realidad solo somos peones del sistema. Un número más en los balances de población, una masa de átomos que cotiza. A ningún político le importa que haya familias enteras muriendo de hambre, sufriendo. Su felicidad no importa. (Solo el dinero. ¿Sabes? En este reino de lo Absurdo, Dios tiene dos nombres; uno es dólar y otro es euro).

Y esa otra fracción de tiempo reducida en la que somos conscientes de lo mal que va el mundo, nos limitamos a bufar, a cruzarnos de brazos y a esperar sentados. ¿En qué pensamos? (Tenemos la esperanza de que aparecerá algún revolucionario que nos salvará a todos). Nadie actúa, nadie reacciona. Quejarse es el deporte nacional. (Y la mayor estupidez creada por el hombre). Querida sociedad, quería decir que se han acabado las revoluciones; estás perdida.

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