Tengo esta bala. (Mi última bala).

Me encanta como te critica la gente. Como te mira por encima del hombro y como te señalan con el dedo. (Cuando estás de espaldas, claro).  Todo el mundo cree conocerte, cree saber lo que eres. Está seguro de acertar cuando habla de nuestros mayores defectos, ¡cómo si nos conocieran! Como si supieran lo que hemos pasado, lo que vamos a pasar y lo que estamos pasando. Como si…
Todo el mundo critica. La sociedad es así de asquerosa. Adolescentes inseguros se reafirman echando la mierda de un hoyo a otro, cuidándose únicamente de su felicidad. Es curiosa su ignorancia: su felicidad depende de la tristeza de otros. Porque cuanto más inferiores se ven los demás, más grandes son ellos.  Es así como funciona el ciclo. (¿Pero qué pasa cuando esa persona no se deja pisar, cuando está contenta pese a todo? Oh, entonces nace la frustración. La frustración se los come y los ahoga; su felicidad ya no existe).
Pero no nos engañemos, lo peor no es eso (habrá que joderse, es algo que no puede cambiarse). Lo peor es la falsedad. Esa sonrisa de buenos días y la puñalada de buenas tardes. O ese gesto de no me caes bien pero te saludo, y esa risa compartida con otros a la espalda de no te conozco, pero te critico. ¿Qué hay que hacer para que cada uno se ocupe de sus asuntos? ¿No tenemos ya bastante? Como si no fuera suficientemente complicado como para que el primer imbécil de turno nos amontone los problemas (y se convierta en uno más, de añadido).
Aunque, ¿sabéis por qué la gente crítica? Por envidia. Pura y dura. Simple. Ven las virtudes de los demás y se sienten indefensos, inseguros. Desearían ser como esos que tanto critican, pero no pueden. Piénsalo. ¿Alguna vez has criticado a alguien que no destaca, ni por arriba ni por abajo? ¿Que simplemente está ahí pero como si no lo hiciera? Nunca. Nos da igual. Pero ahora, ¿a quién criticamos? A esa persona que se nos clava en la mente como un aguijón, a esa que no podemos sacarnos de la cabeza ni a tiros. A esa, es a la primera a la que atacamos.

(¿Sabes? Si tuviera una bala y la ausencia de las consecuencias, te haría un agujero entre ceja y ceja. Por tus gestos de superioridad, por tus críticas, por tu manera de creerte mejor que el resto. Pero eso no sería inteligente. Mejor ver cómo te estrellas tú solo, sin necesidad de apretar el gatillo).

1 comentario:

  1. Estás llena de ira.
    Enfadada, frustrada, con ganas de llorar, desesperada, harta, asesina.
    Pero tú eres más fuerte que todas esas sensaciones estúpidas que cubren tu máscara.
    Querida, todo el mundo posee una máscara, es como el hecho de vestirse, una protección que sirve ante el ser juzgado por el prójimo.
    Lo superarás, entonces te dará igual de verdad todo lo que determinadas personas puedan decir o criticar. Esa clase de personas solamente malgastan sus escasas neuronas en la actividad más fácil que existe, la de no pensar.
    En este mundo hay muchas clases de personas: las buenas, y las malas; y entre ellas está el muy poco conocido término medio. Tú eliges si criticar para defender esa inútil máscara, o comprender para arrancar máscaras por el camino y defender tu verdad como los demás deberían defender la suya.

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