Je suis désolée.

Lo siento. Ik ben droevig. Sono spiacente. Perdóname.
Sobra decir que cometo errores. Sobra decir que los cometo con frecuencia y que además, parece que disfruto con ellos (dicen que el humano es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra. Yo digo que es el único animal que se enamora de la piedra).
¿Y qué hay de esa vieja costumbre de pedir perdón? Eh, te acabo de romper el corazón, te he roto por dentro como si fueras de porcelana. Pero, ¡eh!, lo siento. De acuerdo, puede que te haya utilizado, engañado y tratado como a un perro, ¡pero, ya te he pedido perdón! Esa vieja costumbre está acabada.
¿Sabéis que más? Una palabra no vale una mierda. (Don't explain yourself 'cause talk is cheap). Imbécil el que crea que con un lo siento se arregla algo. La porcelana, una vez hecha añicos, no se vuelve a reconstruir. Tal vez logres reunir los pedazos, pero no habrá manera de que vuelva a ser como antes. Lo hecho, hecho está. Y no hay perdón que valga.


(Tal vez, y sólo tal vez, sea mi manera de arrepentirme. De reconocer que me equivoqué. Pero nada más).

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